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entrevistas y artículos por eduardo paz carlson

lunes, 26 de diciembre de 2011

ENTREVISTA CON EL MAESTRO HUGO LÓPEZ CHIRICO

Hugo López Chirico dirigiendo



















“He sido discriminado artísticamente por todos los gobiernos del  Frente Amplio”


Esta entrevista fue realizada para la sección "O2" del diario montevideano "El Observador"  pero no fue publicada debido a que el editor la consideró de poco interés para sus lectores. Por esta razón he decidio publicarla en esta blog.


 por eduardo paz carlson  

12 oct. 2011 bar expresso   
                                                          
                                                 
1973, golpe de Estado en Uruguay. ¿Qué pasó con su carrera de Director de Orquesta?

El día del golpe me negué a dirigir el que sería el primer  concierto de la Ossodre bajo la    dictadura. Tres años logré seguir trabajando. Tenía un cargo estable al que había accedido por concurso en la Sinfónica Municipal. ¡Creo que fui el último director que llegó por concurso a una orquesta uruguaya!  Y claro, para echarme (y tenían que echarme porque había un proceso  de purga de elementos opositores al régimen cívico-militar), no era fácil porque yo había entrado por concurso y, debo reconocer, que no me violaron ningún derecho humano, tuve garantías procesales,  me hicieron un “debido proceso”,  con  derecho a la defensa, y después resolvieron lo que ya tenían decidido: removerme del cargo. Las formas las respetaron porque el Municipio era un enclave civil  dirigido por un abogado que creo  además, no tenía ninguna gana de echarme: yo era un buen negocio para el Municipio.

Y durante esos 3 años, ¿siguió dirigiendo?

No solo que seguí dirigiendo… ¡fueron los años en que dirigí más y mejor! Se produjo una paradoja. La gente empezó a verme como un sobreviviente y era casi un acto de resistencia ir a mis conciertos. Pero también había algo más profundo y menos personal: la gente sabía lo que estaba pasando, la lucha era horrible, y había un innegable descenso hacia la inhumanidad.  La gente buscaba asideros en la cultura  que contrapesasen esa violencia que ocurría. Y allí estaban los conciertos, estaban Mozart, Beethoven, que representan lo mejor de lo humano.  Hubo además un  lado  práctico que me favoreció en el trabajo: hasta el momento de la instauración de la dictadura había un juego político de muy baja estofa, había de todo… políticos con mayúsculas y otros con minúsculas.  Estos últimos querían súbditos manipulables y yo no lo era.  Ergo: me cercaron administrativamente.  No tenía funcionarios. Dirigía en la semana y administraba los domingos. La mejora práctica que supuso la dictadura, fue que esos politicastros de cuarta se asustaron  “del  hermano grande”   uniformado y con  velocísima diligencia me dieron los  mejores funcionarios imaginables. No sólo pude dirigir montones de conciertos sino que “me brotó” la escultura. Hasta el momento mismo de irme estuve haciendo entusiastamente las dos cosas.  

¿Quién elegía las obras a interpretarse? ¿Había presiones de las autoridades de facto? ¿O usted le hacía un  “guiño” al público con las obras que  elegía?

Las obras las elegía yo. Nunca me presionaron. Ningún guiño al público. En absoluto. De ninguna manera. Y menos aún elecciones “facilitantes” o con segundas intenciones.  Eso va en contra de mis más arraigadas convicciones. Empecé muy jovencito a dirigir y a actuar con lo que los demagogos llaman “el pueblo” y ya desde mis primeros contactos con las audiencias comprobé (y sigo comprobando), que si a la gente le das música de calidad,  reconoce esa calidad y responde masivamente. La gente no es estúpida.  No  es necesario  hacer “música para el pueblo”  o “arte para el pueblo” o “bajar el nivel”. Hay que hacer arte y música y ponerla al alcance del pueblo. Hay que difundir el arte y la música de calidad. Ese fue el principio de mi política de programación. ¡En ese momento funcionaba muy bien! ¡Los conciertos se llenaban! Y pasamos de una media de 38-40 conciertos al año durante los 11 primeros años de la orquesta a una media de 60 en ese período mío. Y en los 2 últimos años anduve orillando los 70 conciertos. Fue muy lindo. El público  acudía en masa. De todas las clases sociales. Eran eventos auténtica y espontáneamente  populares y a cierta altura, más que populares ciudadanos. .
En 1971, recuerdo, en uno de los momentos en que se estaba cerrando más el horizonte, pocos días antes del incendio del SODRE, reinauguramos la sala del Cerro, el Teatro Florencio Sánchez. El comienzo de la temporada 72 lo hicimos en ella;  una temporada en medio de lo peor de la tragedia porque ahí empezó realmente el brevísimo enfrentamiento muy duro “de aparato a aparato” a las Fuerzas Armadas. Eran conciertos en condiciones terribles. El concierto en el Solís, por ejemplo, del día de la masacre de los militantes de la Seccional 20 del Partido Comunista, lo suspendieron las autoridades cuando estaba a punto de empezar  ¡y no sabíamos porqué! Luego nos enteramos de la razón. Así era en esos días negros. Pasaban cosas horribles todo el tiempo.

Pero a pesar de todo ese mal, todavía había música, conciertos, belleza…

Es que todos, como te decía,  nos aferrábamos a la música y a los valores positivos. Como consecuencia,  en esa época había una efervescencia creativa impresionante. Yo que frecuentaba los ambientes “plásticos” y que era amigo íntimo del escultor  Germán Cabrera, de los pintores Manuel Espínola, Américo Espósito, Miguel Ángel Battegazzore (entre muchos más), fui testigo de que todos estaban en un fervor creativo. ¡La serie de los cuadros con marcos octogonales la  expuso  Espínola en el 75, en plena  cruenta limpieza de comunistas!  Battegazzore producía sin parar y Germán Cabrera también.  Los artistas creaban a pesar de todo. Era una forma de resistencia. Y en los medios ocurría una especie de esquizofrenia porque yo como socialista representaba al enemigo político, pero en las páginas de crítica cultural hablaban muy bien de mí trabajo y los periodistas que me elogiaban no eran regañados ni censurados. A mayor escala, lo mismo pasaba con los espectáculos de El Galpón. Creo que se debía a que aún quedaba algo del mejor espíritu liberal que se resistía a morir en la gente.

Pero ese espíritu liberal fue derrotado finalmente.

Sí. El espíritu liberal, que sólo tiene relaciones tangenciales con el neoliberalismo,  es de lo mejor que ha inventado la humanidad y tiene enemigos que lo bombardean de ambos lados.  Uruguay se desbarató muy rápidamente. Se derrumbó todo entre 1956 y 1971, y en el transcurso ese espíritu quedó preso en la “tierra de nadie”, entre dos fuegos.

¿Por qué se vino todo abajo?

Hay que tener competencias de las que carezco para dar una respuesta precisa. A mi modo de ver por  una parte estaba la rigidez de nuestra estructura económica que impidió al país reaccionar y adaptarse a la pérdida de mercados, eso es más o menos admitido. Por  otro lado, sin duda  existía (y de eso  fui testigo) la convicción en cierta  gente que quería cambiar de que “todo iba mejor cuando  iba peor”, porque eso crea el clima propicio para demoler las estructuras dominantes. En mi caso, empecé mi carrera justo en el momento que comenzaba  la guerrilla (tomando como su comienzo, quizás arbitrariamente,  el asalto al Tiro Suizo -aunque las conspiraciones de un lado y otro ya estaban en curso desde hacía mucho tiempo-). En ese momento se inició  el desbaratamiento institucional. Personalmente  quería cambiar muchas  cosas pero también quería conservar  otras  magníficas que teníamos de las que yo mismo soy un ejemplo: fui un niño rural, hice la escuela primaria en la más rural de las escuelas rurales en el paraje más remoto de Cerro Largo… y pasé de esa escuelita rural al Conservatorio de París (ingresando por Concurso). Esa escuela primaria, esa  estructura educativa que teníamos  es lo que quería, entre otras cosas,  preservar.  La Dictadura degradó esa  estructura educativa por lo menos por 2 vías: por la purga ideológica que sacó a mucha gente muy valiosa y  por la entrada al sistema de gente muy mediocre porque eran funcionales al régimen o familiares de alguien amigo de la autoridad. Al parecer, luego se siguió degradando por razones diversas.

¿Cómo se recupera el nivel de la educación?

 No parece una tarea fácil. Hay mucho lastre histórico reciente que  conspira contra una hermosa tradición educativa más antigua.. La buena noticia es que veo una muy clara consciencia en el liderazgo político de todos los partidos en el sentido de que hay que recuperar el nivel perdido. Será necesario  luchar mucho y con mucho coraje, porque existen  intereses creados y matrices mentales equivocadas que será muy difícil erradicar. Pero es dramáticamente esencial que se imponga la visión de largo plazo, consciente de que a un país pequeño como el Uruguay le va la vida en la calidad de su educación,  sobre la miopía cortoplacista corporativa y la tozudez de quienes de modo cuasi religioso se aferran  a concepciones manifiestamente inútiles, obsoletas y periclitadas. Veo también a muchos jóvenes, de todas las tendencias,  con un  espíritu contestatario en contra de “carcamanismo” jurásico.   Se los ve más libres, están en otra cosa.

¿Será por Internet?

Escultura de HLCH
Es posible. Sí, seguramente es Internet que siendo un medio de vanguardia, ha ayudado a preservare se espíritu de independencia mental. Aunque también Internet es portadora de una reedición de “las invasiones bárbaras”. Creo que en la juventud hay muy buena pasta para hacer del Uruguay un país ilustrado y, sobre todo, de pensamiento libre.  El Uruguay tiene que ser un país ilustrado y en
eso  no invento nada, simplemente sigo a nuestro “padre” Don José Gervasio  desde la admiración que me produce su  visión al  hablar de “tan ilustrados como valientes”. A veces, para ser ilustrado es necesario ser valiente. ¿De dónde saco Artigas esa lucidez? es algo que muchas veces me he preguntado

De la revolución americana, más que de la francesa...

Quizás. Por el federalismo, sí… 
y además, si algo no fue Artigas, fue un Jacobino y lo que devalúa la revolución francesa frente a la americana es el Jacobinismo y el terror. Es su herencia maldita.  

Pepe el  Contrabandista resultó ser un Ilustrado…

Mira, creo que debe de ser una buena enseñanza porque yo  que crecí  escuchando los tiroteos de los contrabandistas con los guardias aduaneros en los bosques de mis pagos… siempre he tenido una buena opinión de los contrabandistas. Son precursores del  Internacionalismo. Además, hay que ser de Melo para saber de contrabando y contrabandistas...

¿Maestro, y hoy, a los 75 años de edad, está trabajando?
Estoy recontra jubilado y sin embargo estoy trabajando como nunca.  Estoy dedicado a la música (estudiar, difundir, escribir un libro sobre la comunicación gestual del director, y a dirigir si me dejan) y a la escultura.  En estos días he terminado  de escribir otro libro.

¿De qué trata este libro?

Se llama “Conciertos en tiempos de guerra”.  Versa sobre los temas esbozados en esta conversación.  A los setenta y cinco años uno lleva vividas varias vidas. El libro trata de una de ellas, la primera,  en cuyo transcurso dirigí 449 conciertos, su mayor parte en Montevideo, con la Ossodre, al frente de la cual debuté y con la Orquesta Sinfónica Municipal, de la cual fui sub-director desde 1963,  y responsable total de su programación y dirección desde 1970 hasta mi exilio en 1976. Incluye también, en menor grado, conciertos con orquestas extranjeras.   

¿Hacer conciertos, escribir libros, producir esculturas, hay algo más...?

La familia. Criar hijos. Hernán y Diego. Un biólogo y un arquitecto. También me dediqué a diseñar y a construir una casa muy hermosa y muy loca en Venezuela. Compré un pedregal y construí mi casa allí. Conservé enormes rocas que se incrustan o salen de la casa. La  más gigantesca  está en la cocina  y en el living y en las habitaciones hay rocas. Esta labor me llevó años. La casa misma es como una escultura.  Y mientras la construía  empecé a escribir sobre Melo, el Uruguay que conocí, sobre mis experiencias como Director de Orquesta y mientras tanto… encontré tiempo para  convencer a una novia, Alexandra, con la que me casé hace  dos años.

¿Cómo es estar de novio a los 70 y pico  años de edad?

¡Fantástico!   A esa edad todo se redondea de un modo maravilloso. Te completa  toda una vida. Una cosa muy serena. Muy plena.. Después de la muerte de Myriam mi primera esposa, entré en una etapa de soltería infeliz y de eso pasé  a una etapa de 8 años de ascetismo total. Salí de la “travesía del desierto”    a encontrarme con  ella, mi mujer actual.

Se estaba preparando para ella…

Sí, claro. Me estaba depurando. Es como en el budismo que cuando el discípulo está pronto, aparece el Maestro. Cuando vos estás pronto, es decir, cuando estás muy de acuerdo contigo mismo, y por lo tanto sabes muy bien, entre otras cosas,  cuál es la mujer adecuada,  ella aparece.

¿Y la escultura?

Sigo trabajando. Trabajo mucho haciendo fotos de las esculturas… hago una interacción entre la escultura y la foto. Ahora estoy muy motivado explorando un nuevo material de construcción muy resistente y dúctil. Es como un mármol líquido.

¿Pero las fotos de las esculturas, son obras de arte en sí?

Sí, esa es la intención.  Hace años lo que hago es  “ aleatorismo controlado”. Una idea prestada de la música. Es lo que hace Boulez en la 3era Sonata de Piano, por ejemplo: tú tenés para elegir caminos de cómo armar la sonata. Hago “esculturas para armar” y al fotografiarlas quedan como esculturas singulares, pero  los dos procesos, el de cambiarles la geometría y el de congelarla en la foto son muy enriquecedores y fascinantes.  Como en la sonata de Boulez, uno puede elegir entre muchos caminos  posibles y la obra sigue siendo la misma pero diferente. Como una vida.

¿Se refiere al Director o al intérprete?

Son lo mismo, pero si te gusta al  intérprete.  Hay que ver la partitura de la 3era sonata de Boulez. Es una partitura que tiene “señales de tránsito” en distintos colores. Tú podés elegir trozos de música que siempre son los mismos pero que se pueden combinar de distintas maneras cada vez que las tocás. 
Desde mi primer exposición (y única en Montevideo) en noviembre del 75 -4 meses antes de tener que huir del país- , ya tenía varias esculturas hechas con ese criterio. Luego regresé a un estilo más convencional que se vendía mejor y últimamente, volví  a ese experimento porque aquello era mucho más fermental y rico en posibilidades.  Entonces hago esculturas que se pueden armar de distintas maneras. Con un repertorio limitado de módulos los combino y los fotografío. ¡Y me enamoro de las fotos!  También me gustan las esculturas enormes. En Mérida hice una que tiene 50 toneladas de cemento armado, se llama “Brumas”. No tuve la intención de hacer un chiste al bautizar de es modo tan gaseoso a cincuenta mil kilos de concreto...

¿Y cuando expone nuevamente en Montevideo?

¡Nada me gustaría más!  Teníamos un proyecto con un gran amigo y pintor uruguayo fallecido en Caracas hace 9 años  y que nadie conoce aquí, Ángel Foong, “El Chino Foong”,  de hacer una exposición conjunta. Nunca se concretó. Es difícil exponer escultura  a menos que se  haga en el sitio. Tienen la pésima costumbre de ser pesadas...

En 1975, usted menciona que tuvo que huir del país. ¿Por qué tuvo que huir?

Me estaban haciendo un sumario para echarme  y me separaron del cargo. En mi alegato de defensa  escribí una furibunda diatriba anti dictadura de 52 páginas.  El abogado se negó a firmarla porque él no podía decir esas cosas.  Pero yo les dije lo que les tenía que decir. Al  terminar de redactar la diatriba, dos amigos tocaron a mi puerta para decirme: “te tenés que ir ya, mañana te van a poner preso”. (Me acusaban de “vilipendio a las Fuerzas Armadas”, lo que era falso.).  Huí esa noche.  Me “sacaron” amigos y gente que no tenía nada que ver con la izquierda ni con la revolución ni  con nada, salvo la libertad y la ayuda humanitaria,  gente de los Partidos Tradicionales. Emilio Verdesio, un gran maestro y una gran persona, gran amigo, fue el encargado de armarme la salida en un rato. Y me fui directo a Venezuela a enseñar en una Universidad  aparte  dirigir y a esculpir. Hoy, me considero radicado en el Uruguay, pues si bien pendulo  entre los dos países, paso más tiempo aquí. 

¿Cuál es su opinión acerca de las políticas culturales del gobierno del Presidente Mujica?  

Es notorio, y como tal no necesita demostración, que, sin expresión de causa,  he sido discriminado artísticamente por todos los gobiernos del  Frente Amplio. No sé si ello forma parte  de sus “políticas culturales”  o de sus “políticas a secas”. Veinte años de ostracismo  oficial me han  enseñado a no perder el tiempo con presuntas “políticas culturales” gubernamentales. Creo que una cultura pujante se hace a pesar del, y eventualmente contra, el Estado. Si éste ayuda, mejor; si no, paciencia y coraje.  Siempre ha sido así y más ahora con los medios de que se dispone.

 ¿Cuándo fue la última vez que dirigió en Uruguay para el SODRE?

 En junio del año 1999 dirigí por última vez la Ossodre. La última obra dirigida fue el Concierto para orquesta de Witold Lutowslaski. El mismo programa se inició con El beso del hada de Stravinski continuó con el estreno mundial del Doble concierto para bandoneón y orquesta, Homenaje a Piazzola, de René Marino Rivero, con el autor y Gabriela Díaz como solistas. 

1 comentario:

  1. Lamentable la actitud del director que no quiso publicar la nota. Es excelente. No conocía a este artista, empecé a ver alguna de sus obras en facebook. Gracias por publicarla acá.

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